UN PAÍS EN LAS MANOS DE JACOBO GUTIÉRREZ

San Rafael- Jacobo Gutierrez

De Los Indios, a varias horas de canoa y mucho tiempo a uña de caballo, de allá de Apure lejos, es una arpa con nombre de peón de sabana, de pescador de río y caño. Nadie lo ha visto de cerca, no porque el Llano le haya enseñado a comportarse como sus distancias sino porque su nombre y su vivencia sólo los conocen la música de sus dedos en alguna aldea, la orilla de ciertos pueblos, el cobijo de un hato donde el Pajarillo incita a la porfía del contrapunteo y se escobilla el recio joropo de La Quirpa. Los suyos y sus paisanos lo llaman Jacobo Gutiérrez. No, no pregunten por él a los comerciantes del disco, ni a los sabihondos de la copla y la cuerda. Él es él y su arpa. Y el suelo solo y el polvo y el chubasco, testigos de sus dones. La noticia que pudiera referir sus comienzos de arpista es como un golpe de brisa en la resolana: dura poco, entre escasas palabras y mucho silencio. Tampoco inquieran por la escuela de su arpa. Se educó escuchándola dentro de sí antes de expresar su sentimiento con sus dedos de cabrestero y ordeñador. Acaso conoció el antiguo modo de encordar del arpista campesino y la desusada destreza en las primas de algún legendario músico del monte. Cualquier conjetura que avancemos en biografiar a Jacobo Gutiérrez es inane: su más larga confidencia la ilustra ese madero sonoro al que ha cedido su existencia de hombre de tierra larga. ¿Cuántos hay como él en la vastedad de donde proviene, sensibles al alma de la música ancestral? Basta con adentrarnos al país ilímite del potro y la garza para dar con esos genios de la sabana que tocan y cantan de oído, que poetizan y narran hablando, dueños de una estética asaz ignorada, mas viven asendereados en oficios de inclemencias, puestos a caballo, braceando corrientes, de rodillas sobre el surco, pulperos, al volante de carromatos de fortuna, conductores de autos de servicio público, a quienes la música y el canto los transfiguran en intérpretes y creadores de asombro. Jacobo Gutiérrez es uno de ellos.

El arpa dice lo que calla su palabra. La maestría de que es ducho no le basta: ha probado que puede pulsar con sus manos dos arpas a un tiempo, irrespetando esa dificultad, retando a las voces más altas de los tenoretes y a las más graves de los bordones.

Zumba que Zumba- Jacobo Gutiérrez

La edición del disco que hoy ofrecemos, el primero de la serie “Lectura de Venezuela”, le rinde tributo y responde a los propósitos de la Cátedra Alberto Arvelo Torrealba de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. El arpa de Jacobo Gutiérrez es una de esas innúmeras lecturas de Venezuela que desdeñan las aulas académicas y las tesis de grado. He aquí un país que quiere nacer, un país recobrado.

Luis Alberto Crespo

Presidente de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello

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